Cosas de floresVivir con flores

La flor del azafrán: La reina del otoño

18 septiembre, 2010 No hay comentarios

El azafrán es la única especia que produce una flor.  Apreciada desde la antigüedad, sus brillantes tonos iluminarán tus balcones y macetas en el mes de octubre, en pleno otoño.

Su nombre en botánica es crocus sativus, aunque el nombre de azafrán le viene del árabe “sahafarn”.  En la Grecia clásica esta planta está en la base de muchas leyendas. Una de ellas cuenta que el joven Croco, a consecuencia de su amor desgraciado por la ninfa Exmílax, fue transformado en azafrán y Exmílax a su vez, quedó convertida en la planta que lleva su nombre Smilax: la zarzaparrilla.

Se cree que su cultivo es originario de la región de Cilicia al sur de Turquía, en una localidad llamada Corycus, de ahí le vendría el nombre a la planta. Otros dicen que esta especia procede de Persia. Hoy en día en Europa se pueden encontrar más de 40 de las 80 especies diferentes que tiene la planta.

Descripción

El azafrán es una planta herbácea, bulbosa, perenne. Sus hojas y flores nacen generalmente al mismo tiempo. La hojas se secan avanzada la primavera. Cada flor consta de seis pétalos de color violáceo y su floración se da a principios de otoño. En el Hemisferio Norte las flores aparecen hacia la segunda quincena de octubre y suelen durar unos veinte días.

El estigma seco de esta flor posee una intensa fragancia y constituye lo que se denomina puramente azafrán. Al conjunto de la flor se la denomina “rosa del azafrán”.

Plantado y Temperatura

La planta del azafrán soporta bien temperaturas elevadas y fríos intensos, aunque las heladas tempranas pueden perjudicar la floración. Conviene que esté expuesta al sol. El clima debería ser templado, cálido y seco.

La época para realizar la plantación varía según las zonas climáticas pero de modo general los meses más favorables son los de mayo y junio en el Hemisferio Norte, es decir, finales de primavera. Previamente a la plantado es recomendable someter los bulbos a un tratamiento con algún fungicida y mantenerlos durante una semana o más a una temperatura de 35º C.

Lo ideal sería plantar unos 30 bulbos por metro cuadrado, separados unos 10 cms. unos de otros. La profundidad de la plantación tiene su importancia: de 12 a 15 cm según las condiciones de clima y suelo de cada zona.

Cada año se forman dos o tres bulbitos en la base del bulbo principal que se recogen y se emplean para la nueva siembra. Aunque la planta puede vivir hasta los 15 años, en la práctica se desechan cada 4 años.

Riego y mantenimiento

Se trata de un vegetal perfectamente adaptado, desde hace siglos, a climas secos, rozando en ocasiones situaciones límites, que depende, casi exclusivamente, del agua procedente de las precipitaciones. Quizás por ello exige poca agua, pero tiene dos épocas críticas en cuanto a requerimientos de humedad, una en primavera para favorecer la formación de bulbos y otra, a principios de otoño, para facilitar el brote y floración. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que el exceso de humedad es mas perjudicial que la sequía, pues provoca que las raíces se pudran.

Dejar una respuesta